Archivo mensual: diciembre 2012

Aceite y agua

Pensamiento de José Ortega y Gasset. En su célebre discurso en las Cortes constituyentes de 1932, el mayor de los filósofos españoles lo expresó de la siguiente manera: “El problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista”. Un doliente nacionalismo particularista que gana y pierde intensidad según las circunstancias históricas y que nunca se extinguirá. Ortega le atribuía otros dos calificativos: “apartismo” (el anhelo de vivir aparte) y “señerismo” (el deseo de mantener la singularidad, con fuerte resistencia a la fusión). “Este, señores, es el caso doloroso de Cataluña; es algo de lo que nadie es responsable; es el carácter mismo de ese pueblo; es su terrible destino, que arrastra angustioso a lo largo de toda su historia”, concluía el diputado madrileño el 13 de mayo de 1932. Hace ochenta años.

Yo simplemente añado lo que vine a decir hace casi un mes (https://jmrlluch.wordpress.com/2012/11/09/antes-franco-que-visigodo/).  En una muy grosera simplificación de la Historia, unos somos francos (del imperio carolingio) y otros visigodos.

Ambos, francos y visigodos eran germánicos y en la debacle del Imperio Romano aquellos empujaron a éstos hacia la península ibérica, y éstos a los vándalos hacia el norte de África, hasta la invasión a demanda visigoda de los sarracenos a principios de 711. Los casi ochocientos años que el Islam, – sus costumbres, religión y cultura-,  se mantuvo presente en  la península Ibérica  tuvieron que dejar marca en conciencias, maneras y costumbres, mucho más cuanto más pactaron y tardaron en retroceder y finalmente ser expulsados. Los francos (carolingios) frenaron a los musulmanes y se parapetaron a lo largo de los Pirineos tras la Marca Hispánica, algo así como una copia de lo que ya habían hecho los romanos en sus fronteras del Imperio con ellos mismos, los bárbaros. El territorio del Alto Urgel actual, aproximadamente, fue reconquistado por los francos hacia el 785, quedando el Condado de Urgel (La Seu d’Urgell) dentro de la Marca de Tolosa (Toulouse). Al tiempo lo era Gerona  y en el 801 Barcelona, constituyéndose aquí el Condado de Barcelona.  Es decir, las influencias musulmanas en el norte y centro del actual territorio denominado Catalunya fueron mucho menores (no llegaron al centenar de años) que las de zonas periféricas como Lleida y Tortosa, áreas fronterizas con unos trescientos años de dominación. Y similares a las sufridas por el bien geofísicamente protegido Principado de Asturias y sus áreas próximas de expansión. Vascones, várdulos y caristios siempre  se han distinguido por su diferencia, con o sin musulmanes de por medio.

De ahí que unos fuimos y nos consideramos una incrustación europea traspasados los Pirineos, otros el renacer peninsular ante los sarracenos. Aceite por nuestra parte, agua por el  otro lado. Y ya se sabe que ambos líquidos, aceite y agua,  son  parcial o totalmente inmiscibles: sólo es posible emulsionarlos y aun así de forma muy inestable salvo que se apliquen de manera continuada y según el devenir de los tiempos agentes tensoactivos o surfactantes, polímeros o geles. Es decir, desde los ochocientos y algo se demuestra que solamente el pacto  entre poderes de tu a tu, de Rey a Rey ( o a Conde en nuestro caso), de Gobierno a Govern,  -siempre en singular, nunca en plural- , negociando intereses y aportaciones, derechos y deberes,  ha permitido la ‘conllevanza’, el sobrellevarse.

Ahora hace ya trescientos años que no se aplican  agentes y se emulsiona a base de simple túrmix. Pareció tras la última dictadura  – ¿o penúltima, a la vista de lo que viene sucediendo hoy día? –   en vana ilusión mantenida decenas de años (el autocalificado  españolista Pujol),  que podía ser  posible el retorno actualizado a una legislación respetuosa con la lengua y las tradiciones, a plasmar en un Estatut  moderno, amplio y comprensivo; y  a una fiscalidad  no asfixiante: el mantenimiento real de la ‘ordinalidad’, es decir si fuimos, junto con Euskadi,  comunidad puntera, seguir en ese puesto, siendo no obstante solidarios.  Pero no ha sido así, no pudo ser así, el futuro dirá. Será que visigodos y francos, aunque ambos germánicos, sufrieron los primeros una profunda y permanente transformación cultural  y éstos quedaron menos afectados y  sí mas influenciados por vientos de otras latitudes.

Por ello ambos son consustancialmente irreconciliables, solamente  soportables  o difícilmente llevaderos,  a menos que se aplique de forma continua y correctamente  lo último en descubrimientos sobre nanopartículas catalizadoras estabilizadoras, demasiado sofisticado para mentalidades que han bebido en carpetovetónicas fuentes o limitan y destruyen  con sus recortes la ciencia investigadora.

Porque subsistirá el problema: nuestro deseo de mantener la singularidad, resistirnos a la fusión, – se llame ‘café para todos’ o se inventen expresiones similares- , y un subyacente anhelo de vivir aparte,  ser independientes, está en nuestra propia esencia, en nuestro ADN,  y se lleva en la sangre por mucho que intenten diluirla con falsas promesas, componendas interesadas,  lúgubres presagios.

Aceite y agua.

@JmRLluch

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