Archivo mensual: julio 2015

Carta abierta a Felipe VI , de Ramón Cotarelo (traducción del catalán)

24.07.2015
Carta abierta a Felipe VI

De Ramón Cotarelo en Vilaweb (http://www.vilaweb.cat/opinio_contundent/4457999/carta-oberta-felipe-vi.html)

Querido señor:

En 1716 un antepasado suyo, Felipe V, abolió de un plumazo los derechos y las libertades catalanas después de haber sometido Barcelona mediante una conquista militar. Trescientos años después el destino quiere que venga usted a impedir que los recuperen.

Acaba de largar un discurso a un gobernante democrático, elegido en las urnas (no como usted), el contenido esencial del cual consiste a recordar la necesidad de respetar el principio de supremacía de la ley, sin el cual no es posible la sociedad civilizada.

¿Con qué autoridad se lo dice a un presidente que, como él mismo ha señalado en una entrevista posterior, no se ha saltado nunca la ley? Contestamos esta engorrosa pregunta.

Su autoridad personal en la materia que, en calidad de republicano, este bloque no reconoce, es inexistente. Su poder viene directamente de la designación de un militar sedicioso, un delincuente perjuro que se rebeló contra su gobierno, y usted no ha tenido el coraje ni la fuerza de refrendarlo mediante una consulta ciudadana, un referéndum en que se decida si se quiere mantener la monarquía o si se prefiere la república, el último régimen legítimo que hubo en España, dado que el suyo no lo es.

Usted no tiene ninguna autoridad, pero se hace eco de la del gobierno español, este sí elegido por sufragio universal. Es este gobierno, el que lo ha enviado a Cataluña a recitar el catón elemental del estado de derecho: el respecto a la ley, que obliga todo el mundo, incluidos los gobernantes.

En términos abstractos esto es cierto. En términos concretos, ahora y aquí, en España, no sólo no es cierto, sino que es una burla. El gobierno que exige a Mas cumplir la ley, la cambia a su gusto, unilateralmente, sin ningún consenso, gracias a su rodillo parlamentario cuando le conviene, de forma que la ley ya no es una norma de razón universal, general y abstracta para el bien común, sino un dictado de los caprichos del gobierno del PP que, como sabe perfectamente, es lo más corrupto, arbitrario e incompetente de la segunda restauración. Lo aclara un solo ejemplo: el mismo día en que el presidente de este gobierno, un hombre sin crédito ni autoridad, sospechoso de haber sido cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante años, denuncia que los soberanistas catalanes intentan  ‘cambiar las reglas del juego’ desobedeciendo la ley, sus acólitos presentaban un proyecto de ley de reforma del sistema electoral español para cambiar las reglas de juego a tres meses de unas elecciones. Y nadie en España, ningún medio de comunicación ni ningún publicista, ha denunciado esta arbitrariedad, esta ley del embudo.

Ciertamente, los gobernantes dicen que, si a los catalanistas no les gusta la ley, pueden cambiarla, pero legalmente, cómo han hecho ellos. No lo considero a usted una lumbrera, pero imagino que no le debe de pasar por alto la impúdica hipocresía de este razonamiento, porque los catalanes no serán nunca mayoría como catalanes en España y, por lo tanto, no podrán materialmente cambiar la ley y quedarán condenados a vivir bajo la que la mayoría les impone. Siempre. De esto, por si no lo sabe, se llama ‘tiranía de la mayoría’ y es tan odiosa como la de la minoría.

No, señor, la cuestión ya no es respetar la ley. La cuestión es la legitimidad, o sea, mucho más profunda y antigua. Pero, para no abusar de su paciencia, se lo expondré en tres sencillos pasos imitando la triada dialéctica hegeliana que sirve para explicar la evolución de la realidad, pero también su involución.

Primero hubo una guerra civil y cuarenta años de dictadura que forjaron una realidad española en que se mezclaban los sueños de fanfarrias imperiales con los harapos de un país tercermundista, gobernado por los militares y los curas, como siempre. Fascismo, nacionalcatolicismo, centralismo, ignorancia, represión y robo sistemático. Era la tesis.

Después llegó la transición, la negación de la tesis, la antítesis. España se convertía en una democracia homologable a la del resto de europeas. Se negaba la dictadura. El estado se descentralizaba y devolvía libertades a los territorios, se promulgaba una constitución que consagraba la separación de la iglesia y el estado y se propugnaba un estado social y democrático de derecho. Y se acariciaba la ilusión de que era posible una continuidad normal del estado, por encima de los avatares históricos.

Finalmente llegó la negación de la antítesis, la negación de la negación, la síntesis. Con el triunfo agobiante del PP en 2011 volvió el espíritu de la dictadura, el gobierno de los curas (o de sus sectarios del Opus Dei), el nacionalcatolicismo. Se conservó el caparazón de la constitución, pero se la vació de contenido con la ayuda del principal partido de la oposición, cómplice de la involución. Y así se procedió a recentralizar el país, atacando el régimen autonómico y burlando las expectativas catalanas, de forma que su estatuto no tiene contenido. De nuevo con la ayuda del PSOE y la colaboración diligente de todas las instituciones del Estado. La que más se ha usado ha sido un Tribunal Constitucional carecido de todo prestigio y autoridad moral porque es compuesto de magistrados al servicio del gobierno o sectarios del Opus Dei, con su presidente al frente, militante y cotizante del PP.

Así se encuentra actualmente España, señor. Un gobierno de neofranquistas y nacionalcatólicos emperrados en imponer sus convicciones como ley de la colectividad, mordisqueado por la corrupción, basado en un partido que algún juez considera una asociación de delincuentes. Un gobierno que ha generado una involución sin precedentes, una grieta social profunda (lea las estadísticas sobre la pobreza, las de desocupación, las de productividad…, las verdaderas, no las que fabrican esta pandilla de mentirosos) y una grieta territorial mucho más profunda, que él mismo reconoce de una gravedad extrema y de la cual es el único responsable por incompetencia, autoritarismo y corrupción.

¿Cree que este gobierno tiene autoridad para hablar de la ley? ¿ La tiene usted?

No se extrañe que los catalanes quieran librarse de esta tiranía personificada en estúpidos provocadores como aquel que quería ‘españolizar los niños catalanes’. Muchos más, si pudiéramos, haríamos el mismo. No quieren, no queremos, volver a vivir el franquismo.

Y usted, tanto si le place como si no, lo representa.

@JmRLluch

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